Ideario Institucional

1.     …Un poco de historia

         Siendo Directora General del Instituto “Félix F. Bernasconi”, y convencida de que la escuela sólo cambiaría mejorando la formación de los maestros, Martha Salotti inició su labor educativa con la organización de cursos de perfeccionamiento docente, cuya repercusión trascendió los límites de nuestro país y llegó a Latinoamérica.

 

         Paralelamente dispuso que tanto el Jardín de Infantes como la Escuela Primaria y la Biblioteca que funcionaban en dicho Instituto, sirvieran de campo de experimentación para los maestros que asistían a los citados cursos.

 

         Con el correr de los años fue cobrando fuerza su viejo anhelo de crear su propio instituto, al que dio vida en el verano de 1965, acompañada por las educadoras argentinas: Mercedes Lacava, María Cruz Orús y Dora Pastoriza de Etchebarne, en una casa de la calle Yerbal 51, adquirida con sus propios bienes. Lo llamó Instituto “Summa”, nombre inspirado en la “Summa Teológica” y es además una sigla que debe leerse como: “Superación Magisterio Argentino”.

 

         Sus principios básicos fueron:

  1. Crear una institución para el perfeccionamiento de los maestros, como un camino para mejorar la escuela y honrar a la patria, tal como lo expresan los primeros versos de la Canción del Instituto.

“Summa Instituto”, Summa alegría,

arte y estudio para perfección,

con mis canciones y con mis cuentos,

yo iré formando tu mano y corazón”.

 

 

  1. Sin fines de lucro, con el compromiso de que todo beneficio fuera destinado para ampliar y mejorar la institución creada.

 

  1. Abierta a todas las creencias y sin discriminación social ni étnica, con un profundo sentido patriótico y a la vez de amor fraterno hacia los países vecinos.

 

  1. Inspirada en la renovación pedagógica de la gran maestra argentina Rosario Vera Peñaloza, con justicia conocida como “Maestra de la Patria”. Por esto incluyó en los cursos de perfeccionamiento docente clases sobre el material verapeñaloziano (creación manual con materiales de desecho) y sobre Literatura Infantil – Juvenil, reforzando la enseñanza de Música, Plástica y Expresión Corporal.

 

Con el correr de los años, lo que comenzó con seis niños en el llamado “Jardín de Infantes Argentino”, hubo de continuar en la Escuela Primaria y luego en la Escuela Secundaria, y hoy tiene casi setecientos alumnos, distribuidos en varios edificios junto a la primera casa de la calle Yerbal.

 

El logotipo del Instituto “SUMMA”

 

 

         Martha Salotti quiso expresar en un logotipo el espíritu que había impulsado a las fundadoras a crear el Instituto, simbolizado en la imagen de una abeja, por la similitud de su trabajo creador, silencioso y sin descanso, con la tarea educativa que se proponían cumplir.

 

         El Instituto sería una colmena humana; una casa donde se trabajara por un mismo ideal; en la que se respetaran las jerarquías y el orden, y se cultivara la dulzura, tan necesaria para el corazón de los niños y de los hombres.

 

         También  deseaba incluir en el logotipo el nombre del Instituto, por el significado que atribuía a las letras de la palabra “SUMMA”: Superación Magisterio Argentino.

 

         Resolvió entonces compartir esta inquietud con su gran amiga Ernestina Galloni, de destacada trayectoria en la escultura y la pintura. Ernestina supo plasmar en un logotipo los dos deseos de Martha: sobre un fondo de panal están, vertical y horizontalmente, las dos palabras que dan nombre a nuestra casa.

 

El logotipo de la Fundación Salottiana

 

 

 

 

 

         Transcurridos los años y creada la Fundación, el Arquitecto Horacio Fernández tuvo a su cargo la tarea de diseñar un logo de identificación institucional. Debía representar la continuidad del pensamiento y de la obra de Martha Salotti. Y lo ha logrado, mediante los elementos incluidos en él: el libro, la mano y las aves en vuelo.

 

         El libro es palabra escrita. Es comunicación de ideas y experiencias. Es valoración de la palabra expresada, trampolín de la imaginación hacia la creatividad. Un libro abierto simboliza sabiduría y conocimiento. Lo que allí está escrito es aprehendido en forma activa y personal por el niño y por el joven, que están presentes a través de la mano abierta.

 

         La mano es una mano pequeña, que expresa el protagonismo del niño en su educación. No es el puño sobre un libro cerrado, ni una mano que sostiene un libro. Es una mano abierta a las ideas, una mano que toma posesión de la palabra.

 

         De esta posesión activa, de la maduración de su personalidad y del propio proceso de descubrimiento, surge un niño imaginativo, creativo, con capacidad de volar.

 

         Las páginas del libro cobran vida y se transmutan en bandada de aves en vuelo. El vuelo mismo es un símbolo clásico en nuestra cultura: representa la libertad personal. La grafía sugiere un vuelo armonioso, ordenado; esto es, una libertad que respeta la naturaleza, una libertad responsable.

 

         Estos logotipos evocan, por su significación, el pensamiento de Martha Salotti y su labor educativa para hacerlos dinámicos y actuales. Así podremos cumplir con su deseo: “A mí no me copien, supérenme”.

 

 

  1.  Hablemos de Martha A. Salotti

 

Apreciamos hoy la vigencia de su pensamiento. Sus ideas avanzaron a través del siglo y la constante prédica pedagógica motivó la publicación de sus investigaciones, como contribuciones experimentales a la práctica docente.

 

         Contó con la valoración crítica de su obra por parte de reconocidas personalidades, como la argentina Rosario Vera Peñaloza y la chilena Gabriela Mistral.

 

         En el Prólogo de “La enseñanza de la lengua” de Martha Salotti y Carolina Tobar García, publicado en 1938, dice Rosario Vera Peñaloza:

 

         “La enseñanza de la lengua”, por su valor didáctico, así como por sus fundamentos lingüísticos y psicológicos (…), señala un acontecimiento educacional digno de ser celebrado”.

 

         “… este “libro nuevo”, cuya novedad consiste en haber encontrado dentro de la enseñanza de la lengua oral, que es la que la escuela está obligada a cultivar, lo que tanto se busca dentro de la enseñanza general: un verdadero método activo”.

 

         Esta metodología busca medios por los cuales el niño pueda mostrar su personalidad y para ello favorece la producción textual con valores propios.

 

         Al publicarse en 1959 el libro de Martha Salotti  “La lengua viva”, dijo Gabriela Mistral sobre su autora:

 

         “Celebro en ella particularmente la elección de la lengua infantil como centro de una investigación pedagógica”.

 

         “Rara vez se ha alegado en nuestros pueblos con tanta técnica y tanta intención sobre el hecho de que la palabra nos confiesa, en nuestro bien como en nuestro mal, comprobando que ella es el espejo de nuestras fallas como de nuestros logros, y que es la señal digital del alma”.

 

         De la lectura de sus obras surgen algunas de las ideas fuerza que dieron significado a su labor pedagógica. He aquí algunas de ellas:

 

         “Los niños ven los objetos desde una actitud dinámica y emocional, estructurándolos en esa dirección. De ahí lo que llamamos el mundo de la fantasía. Error grande comete la escuela al no entrar con ellos en ese mundo, para guiarlos, orientarlos y cultivar sus capacidades desde allí. No es posible que el niño se aparte de su medio para entender al maestro; debe ser éste quien haga el trabajo de adaptación y penetre en el mundo de los niños, para ir a encontrarlos en su ambiente natural”.

                                                                  (La lengua viva)

 

         “Es verdad que la escuela se transforma con las grandes épocas: oscila, tiembla, cruje, cambia de ritmo, ensaya pero no consulta. Debe transmitir ciencia, pero no consulta a la ciencia. ¿Por qué? Para ella trabaja la ciencia toda. Cada descubrimiento pide a la escuela divulgación. Cada adelanto en psicología pide tácitamente a la escuela su aplicación. Las especulaciones científicas que se realizan con método en el laboratorio han de trascender a la vida, han de ser útiles donde corresponda, para justificar su existencia. Por eso, el único mérito, si es que tiene alguno este trabajo, es el de haber tratado de poner la ciencia al servicio de la escuela y del niño”.

(La enseñanza de la lengua)

 

 

         Para llegar al niño propone:

 

         “Escucharlo es, entonces, una ruta para llegar a su intimidad. Pues, el lenguaje es un instrumento valioso, única moneda en el intercambio social: decimos lo que pensamos, lo que deseamos, lo que no entendemos… Pensamientos, sentimientos, voliciones, todo lo expresamos con palabras”.

(La enseñanza de la lengua)

 

 

         En cuanto a la misión de la escuela dice:

         “Si la escuela ha de enseñar a describir minuciosamente un caballo o una flor; si ha de clasificar palabras como categorías gramaticales; si ha de repetir rígidas conjugaciones; si ha de desmenuzar oraciones en análisis abstractos puramente lógicos (¿existe algo más contradictorio e ilógico que un niño?), ya puede trinar el canario en su jaula celeste colgada de la ventana, ya puede deslizarse silencioso y pleno de vida el pez en la pecera transparente, ya pueden abrirse rojos y llamativos los geranios en las repisas: estarán velando a la escuela muerta; trinos, vuelos, pimpollos, no sirven para la transfusión.

 

         Hora es, pues, de dotar a la escuela de vida, pero de vida propia. Démosla vuelta y pongámosla frente al mundo”.

(La enseñanza de la lengua)

 

 

         “No debe ser exclusivamente a causa de la desigualdad material que surgen y estallan las conmociones sociales. Ha de influir también desde el subconsciente, como un fermento, el dolor inexpresado de sentirse hundido en la escala social, en la escala espiritual, en la escala intelectual, dolor que cristaliza en lucha por la igualdad inalcanzable. Porque los ambientes sociales, verdaderas castas, se pintan con una sola pincelada. Una frase, un gesto, una inflexión de voz, bastan para clasificar a los individuos. Dignifiquemos pues, la lengua oral; hagámosla segura, general, rica, bien afirmada en el uso y habremos dado un gran paso hacia la reforma social a la cual todos aspiramos.

 

         Y sea la escuela primaria la que está llamada a realizarla”.

(La enseñanza de la lengua)

         En la apertura de las XIII Jornadas de Literatura Infantil – Juvenil, Martha Salotti reitera y enriquece esta concepción de la escuela y el rol que le compete:

 

         “El niño llega a la escuela enredado en la trama de sus incomprensiones. La escuela puede ayudarlo, puede y debe hacerlo. Pero en la gran mayoría de los casos, aferrada a los hechos, al cumplimiento de los programas, es tanto lo que debe informar, que no le queda tiempo para mirar al niño que está agazapado detrás de cada alumno”.

 

         “El niño actual como el hombre primitivo, también necesita mitos para evadirse; si no se los damos, se los crea. La prueba la tenemos en los Tarzán, en los Batman, en los pistoleros. Todos ellos, mitos modernos, asumidos por el niño en su necesidad de creación”.

 

         En las investigaciones realizadas por los discípulos y colegas continuadores de la metodología Salottiana, se actualizan los fundamentos teóricos.

 

         Así en “Valoración de la palabra” de Dora P. de Etchebarne y colaboradores, publicado en 1979, se dice, respecto de la tarea de los docentes en relación con el desarrollo del pensamiento en el niño:

         “Los educadores que deseen lograr mejoras en educación deberían estar preparados para conocer las etapas de estructuración de las funciones cognoscitivas, a fin de favorecer las interacciones con los objetos y con el medio en las situaciones que tienen un punto de partida en las acciones y coordinaciones del sujeto con los objetos, para lograr muy gradualmente <anticipaciones> en un largo proceso de interacción que lleva a la representación”.

 

         Martha Salotti y Rosario Vera Peñaloza compartieron ideales, experiencias, vivencias y formas de vida. Martha Salotti, en una descripción que dibuja también el estilo de su propia vida, definió así a la maestra riojana:

 

         “Vivió oscuramente. Su valor no está en el ruido que hizo en este mundo, a donde vino en cruzada de sencillez. Ella reinó en el País ilimitado del Silencio, cuyo tesoro no tintinea en nuestros bolsillos, no lo exhibimos ni contamos, pero es lo mejor que podemos poseer en estos tiempos ardientes.

 

         … Muchos la admiraron; muy pocos la comprendieron”.

 

 

 

        3.     Nuestro ideario

 

         Convencida de que los niños transitan más fácilmente el camino de los afectos, Martha Salotti sintetizó su pensamiento en la breve frase: “De mi boca a tu corazón y de tu corazón a tu cabeza”, que, con el correr del tiempo, se convirtió en el lema del Instituto “Summa”.

 

         Esto explica la importancia que sus continuadores otorgan a la afectividad, no sólo para orientar la conducta de los niños, sino también para favorecer el desarrollo de su imaginación creadora, usando el cuento, la poesía y la música, como motivadores de la expresión plástica y literaria.

 

         Nuestra escuela centra la educación en la persona, para orientar en forma paulatina y constante el desarrollo de sus aptitudes físicas, psíquicas y espirituales, hacia la maduración de la personalidad y se define como comunidad educativa, medio privilegiado para el quehacer pedagógico.

 

         Tanto docentes, como alumnos y padres, encuentran en ella un espacio para el diálogo constructivo y el intercambio, contribuyendo entre todos al mejoramiento de la calidad educativa.

 

         El niño es protagonista de su formación espiritual, intelectual, física y social, y será preparado para pensar, querer, actuar y educar él mismo en la pedagogía salottiana.

 

         El educador salottiano, movido por el amor, ejerce su rol andamiando, orientando y apoyando a los alumnos. Está dispuesto a trabajar por la paz. Es además, dúctil ante los cambios e innovaciones científicas y sociales, y enriquece en forma permanente su formación. Ha de ser capaz de crear un clima de cordialidad y participación responsable, en comunión con la comunidad educativa.

 

         El espíritu salottiano reconoce a los padres como los primeros y fundamentales formadores, quienes en tanto elijan esta Institución, adhieren a su ideario educativo.

 

 

         4.     Presente y futuro de la Institución

 

         Respetando el pensamiento de sus fundadoras, la Institución es hoy una Fundación, cuyo principal objetivo es trascender hacia la comunidad con iniciativas y obras de carácter cultural y especialmente educacional, para continuar y difundir la obra iniciada por ellas.

 

 

         Son objetivos de la “Fundación Salottiana”:

 

 

         “Desarrollar programas destinados a la formación integral del niño y del adolescente, contemplando lo físico, psicológico y espiritual.

 

 

         Emplear como medios eficaces a tal fin la literatura infanto – juvenil, el cuento, la poesía, el teatro, la narración oral y escrita y el arte en general como desencadenantes de la imaginación creadora, en donde la afectividad preceda a la adquisición del conocimiento.

 

 

         Estimular la realización de proyectos educativos tendientes a promover la utilización de los medios enunciados precedentemente, en los niños y jóvenes, con el objeto de enriquecer sus capacidades y potencias y orientarlas al bien común y social.

 

 

         Organizar cursos, ciclos, jornadas, seminarios y todo tipo de emprendimiento educativo, destinado a fomentar: el perfeccionamiento docente, la formación del niño y del joven, el desarrollo de las ciencias y las artes y el servicio a la comunidad.

 

 

         Crear, sostener escuelas, institutos, centros de estudio e investigación, bibliotecas, y organizaciones con fines formativos, científicos, culturales en general, así como también estimular por distintos medios, toda obra cultural, educativa y asistencial, que beneficie a la niñez, a la juventud, y consolide a la familia.

 

 

         Realizar estudios, tareas, investigaciones destinadas al mayor conocimiento de la persona humana, su desarrollo y manifestaciones, en todas las direcciones del quehacer del hombre atendiendo a la filosofía que sostiene esta fundación.

 

 

         Crear y sostener becas de: estudio, investigación, perfeccionamiento, especialización, intercambio cultural en el país y en el extranjero, y otras de distinta naturaleza, todas orientadas a cumplir más acabadamente los fines enunciados.

 

         Crear, organizar, sostener: centros de publicaciones, para producir, auspiciar, y realizar tareas editoriales en general por cuenta propia o de terceros, en el país, o para el extranjero, como medio de fomentar la filosofía fundacional y la obra educativa de la profesora Martha A. Salotti”.

 

(Transcripción del Artículo 2º del Acta Constitutiva de la Fundación Salottiana)

 

 

        Queda así sintetizado el espíritu de la gran educadora argentina Martha A. Salotti. Sus continuadores lo hemos hecho nuestro al crear la Fundación Salottiana para perpetuarlo a través del Instituto Summa.